Esquina de 5ª y 28.

El despertador del celular suena a las 7.30. Ya hace varios días que a Claudia le cuesta levantarse. Yo también estoy cansado pero me tiran más las ganas de aprovechar cada segundo en tierras del tlatoani Moctezuma y estoy de pie antes de que llame el conserje, cada día avisado para que nos despierte.

Desayunamos tarde y sin apuro. Ya casi se me hace inevitable atacar un plato de huevos revueltos con tocino antes del café con leche. Al dulce de cajeta puedo obviarlo sin problema alguno.

Lunes al sol.

En Mamita’s todavía hay algunas sombrillas decentes y ya casi son las 10. El plan del día es fantástico, y comienza con una siesta en las reposeras, apenas con el resplandor del sol caribeño (que es el mismo que tenemos en Argentina pero vive más cerca de acá), el aroma salino del mar y el arrullo de las olas. Uno cierra los ojos y lo único en lo que se puede pensar es en el turquesa del agua.

Comidas rápidas sin apuro.

Claudia tiene más antojo que hambre, así que decide comer lo mismo de siempre: aros de calamar empanizados, palomitas de camarón con dos salsas (caribeña y picosa), papas fritas gratinadas con mozzarella y una copa gigante de agua de piña. Puro lujo, ¿qué más se puede pedir?

La señora ya está planeando mi cumpleaños, lo intuyo, la veo actuar con ciertos cabildeos típicos de cuando quiere esconder algo. Será el próximo jueves, pero casi seguro que no vamos a hacer mucho más que un par de daiquiris en algún bar más pituco.

Tostado caribeño.

El volumen de la música en Mamita’s experimenta un crescendo casi imperceptible, pero puntualmente a las 2 de la tarde explota el pum-chi-pum-chi de la marcha tecno o como sea que se llame ahora esta porquería de música siempre igual. Pero, bueno, acompaña sin molestar. Nada que un buen chapuzón no sepa curar. Incluso me las ingenio para dormir otra siesta y a lo mejor hasta sueño con angelitos.

Ah, acabo de darme cuenta: El Narigón ama Cabo Frio, principalmente porque la arena blanca y finita como harina está siempre muy por debajo de la temperatura ambiente, no hay que protagonizar la clásica y vergonzante escena digna de Buster Keaton cuando uno se olvida las ojotas bajo la sombrilla. Bueno, acá pasa lo mismo: la arena de Playa del Carmen no quema. ¡Cuando se entere El Narigón..!

Más allá están echadas en la arena dos argentinas que también paran en Las Golondrinas, a las que llamamos las Pan Dulce. Mi broma recurrente es que son pareja, una un poco más bonita, buen traste, y la otra más tosca, pinta de camionera. La primera siempre está sonriente, a veces charlando con algún amiguito que hizo en Playa; yo insisto en que todavía no está convencida de su condición sexual. La otra siempre con cara de asquito, como disgustada con la situación. Se prestan al chiste constante. En la gastronomía mexicana le dicen pan dulce a cualquier cosa azucarada que se sirva en el desayuno o la merienda, como por ejemplo las tortas… de ahí el mote.

Un totí en busca de comida.

Un mozo duda cuando le pregunto cómo se llaman aquí los totís. “¿Buitres?”. Mmm, no creo… Ya estamos habituados a gaviotas, playeritos y pelícanos, también a los pescaditos nadando entre las piernas, y también a los yanquis. Tres de cada cinco personas en esta zona de México son estadounidenses, el idioma oficial de la Riviera Maya es el inglés (desganado en los yanquis, exagerado en los europeos, chapuceado en los mexicanos). Sí, hay muchos italianos, también algunos franceses, pero todos se hacen entender en inglés. El problema es cuando aparece un brasileño: del portugués no entienden ni obrigado. ¿Tan difícil es? Deduzco que el asunto es la proximidad: los argentinos zafamos como podemos cuando vamos a Brasil pero a la mayoría se le hace más difícil en Estados Unidos; los mexicanos no tienen ningún problema en comprender a los yanquis, pero sólo los expertos pueden viajar a Brasil y no morir de hambre por problemas comunicacionales.

Estamos bien descansados, el cuerpito relajado, y las duchas habituales a esta hora nos relajan y preparan para la también usual salida gastronómica. Pero se largó a llover. Llueve bastante bastante. Aunque ni un tsunami va a alejarme de un buen plato de comida esta noche ni cualquier otra noche de mis vacaciones.

Otra postal de la 5ª.

Por momentos no llueve tanto, y bastante húmedos llegamos otra vez hasta El Diez, donde se come muy bien y no es caro, al menos no tanto como un bar decente en Pellegrini (que es mi referencia en cualquier destino turístico). Hoy nos atiende un mozo (joven) oriundo de Coronel Díaz, allá lejos, lejos… casi llegando a Rosario. El tipo se vino por segunda vez a pasar unas vacaciones completas a Playa del Carmen, y vacaciones completas significa de diciembre a fines de marzo. Pero para eso hay que trabajar, a cambio de unos 500 dólares por mes, poco más de la mitad destinado al alquiler (no muy lejos de acá, pasando a la parte alejada de los hoteles es bastante más barato, dice) y poco le sobra después de las compras de todo el mes en el supermercado. Pero resulta que la verdadera ganancia de los mozos de Playa son las propinas, con las que habitualmente triplican su salario. Ya usará el excedente para el avión de regreso a ese país de porquería donde vive.

Quiero llevarme un mocha (se pronuncia moca, o al menos acá le dicen así) de otro local de Ah Cacao, acá enfrente de El Diez, pero está llenísimo, todos huyendo de la lluvia. El taxista de sitio quiere cobrarnos 50 pesos mexicanos para llevarnos al hotel (es caro incluso para Argentina), así que caminamos a la 10ª Avenida. Pero hay bastante gente esperando y yo sigo sin identificar cuáles son taxis y cuáles no.

Volvemos caminando ya bastante mojados, bajo la lluvia tenue pero petinaz. Sin café.

Leiver

La frase del día: “Cada quien habla como le fue en la feria” (un dicho genial en boca del conductor de Notivisión, del canal 10 de Cancún, asombrosamente parecido a Gito, igual que otros cientos, miles de mexicanos)

Personaje: Leiver, nuestro mozo favorito, tan obeso como simpático y atento. Pobre, todo el día caminando a duras penas por la arena…

» Ir al día siguiente

Advertisement