Seguimos alterados. Nos dormimos tarde pero esta vez Claudia, habitualmente remolona en las vacaciones, ya está arriba a las seis. Nuestras cabezas funcionan a mil. A las siete ya estamos hablando por teléfono, finalmente encontramos a Manuel y después hablamos de nuevo con Julián. El historial de Skype es interminable: hicimos treinta llamados en un día, incluida una comunicación a celular de catorce minutos que costó poco menos de 3,50 dólares. En total, apenas si pasamos de los 15 dólares en todas las vacaciones, y eso que llamamos todos los días a Rosario.

Cara de felicidad.

Facebook es una revolución. Ya venía subiendo fotos casi todos los días en un álbum llamado “Vacaciones en tiempo real” con bastante éxito (fue un viaje realmente genial y muy movido) pero ahora nuestras cuentas explotan de comentarios. Incluso me dicen que en el laburo la noticia causó sensación, y no es para menos. “El nono anciano”, comenta alguien, je.

¡Ah! Y hoy es mi cumpleaños. Me lo recuerdan algunos contactos de Facebook que no pescaron el detallito de que soy abuelo, o quizás no terminen de dar crédito a la novedad.

Ropita para la nieta.

Está feo, el sol no aparece, pero francamente poco importa. Es verdad, nos faltó ir a Isla Mujeres y estoy seguro de que es un lugar maravilloso, pero poco importa. Sale el sol y Claudia se desvía en el camino mas o menos habitual a Mamita’s. Se asoma en una vidriera: es Mi Barquito de Papel, ropa para bebés. Hace un par de días nos burlábamos del local, algo escondido y muy pequeñito: ¿quién va a venir a Playa del Carmen a comprar una remerita talle cero? Andale, pos Claudia, que ahora está intranquila porque todavía no abre.

Mamita's festeja mi cumple.

La idea de Claudia era sorprenderme esta mañana con una mini torta servida por los mozos en el desayuno, pero los planes se alteraron drásticamente; ayer no hubo tiempo para nada y dificulto que haya pensado en mi cumple. No es una queja, no la culpo: ni siquiera lo tengo demasiado presente. Mi broma es que ya no voy a festejar más, nunca más, la pendeja eclipsó mi cumpleaños de aquí a la eternidad. Lo cierto es que jamás tuve demasiado en cuenta los festejos por el día de mi nacimiento, desde muy pequeño me parece bastante rebuscado celebrar cada 365 días, y eso en caso de que no se trate de un año bisiesto. No logro retener en mi memoria las fechas de cumpleaños de amigos o familiares, ni siquiera la mía, pero sospecho que de aquí en más será distinto, al menos en el caso de mi nieta.

Torta de japi berdi.

En Mamita’s pido un agua de piña y, extrañamente, Claudia se impacienta porque no la traen, incluso inventa una farsa en torno a que “el mozo que nos atiende no debe ser ese” y “hoy no nos dan ni bola” y no sé qué cosa, así que desaparece unos minutos. Regresa y comenta algo sobre el “pastel de piña” que pedí. Definitivamente, no sabe mentir: detrás viene un mozo con una negrísima porción de pastel de chocolate y los pertinentes saludos por mi onomástico. “Tenemos doble festejo”, me apuro a aclarar, sólo para contarle a alguien más que ahora tengo una nieta esperándome en Rosario.

El cuerpo en el Caribe, la cabeza en Rosario.

Anoche filmamos un video para Lucina. Claudia insiste en que será proyectado cuando la gorda cumpla quince, pero solamente pienso que será un buen recuerdo del día en que nació. Aunque la primera toma fue en los pasillos del hotel y creo que salió demasiado oscura, así que propongo una repetición, ahora con el mar turquesa de fondo. Claudia dice que no, que después, siempre está dejando todo para más tarde, muchas veces para no hacerlo jamás. Nos pasó en Chapultepec, con un monumento alado que invitaba a subirse para retratarse emulando a un angelito dorado, pero Claudia dijo “después” y después salimos por otra puerta y finalmente después fue nunca. De mala gana, Claudia accede a registrar un saludo para la beba; creo que es un buen momento fílmico para la posteridad, aún cuando no me siento demasiado cómodo hablándole a una cámara.

Diario de Viaje en mano, para que alguna vez lo lea Lucina.

No estuvimos mucho en la playa, o quizás sí y ni nos dimos cuenta con la cabeza alborotada como la tenemos. De regreso en el hotel, Claudia sale a comprar jabón. Sospechoso: casi nunca sale sola a comprar algo, no en las vacaciones y muchas veces tampoco en Rosario. Vuelve con más torta pero prefiero guardarla para no explotar. Mi estómago asegura que almorzamos bien, aunque ya no puedo recordar qué almorzamos ni en qué momento.

Mi regalo, "Las mañanitas".

Es hora de las duchas y del paseíto de la tarde-noche. Insiste con las pizzas del restaurante caro de la italiana, y cuando finalmente accedo se muestran demasiado exigentes, nos dicen que por lo menos tenemos que pedir una pizza cada uno. “Caminemos un rato, ya vamos a encontrar algo, ¿vos estás apurada?”, es mi pregunta sin respuesta. Finalmente entiendo: está en tratativas con una banda de mariachis para que me canten “Las mañanitas”. Está muy bien, no soy un fanático de los mariachis en general (aunque debo reconocer que estos en particular están mucho mejor entrazados que los que yo le pagué a ella en plaza Garibaldi) pero son un buen regalo, más aún teniendo en cuenta que de aquí en más mis celebraciones quedarán felizmente opacadas por las de Lucina. Lucina, Lucina… todavía me cuesta retener el nombre, quizás sea porque no lo relaciono con una persona “real”, pese a que ya vimos algunas fotos en internet.

La abuela sonriente.

Damos vueltas por la otra calle, la avenida 10ª, mucho menos concurrida y pobremente iluminada, pero con precios mucho más baratos todavía. Hoy casi ni sacamos fotos, pero en las pocas que tomé Claudia muestra una sonrisa iluminada que no precisa flash.

Sí, estamos monotemáticos. ¿Alguien en nuestra situación podría pensar en otra cosa? Van a ser las primeras vacaciones en las que el regreso no será nada difícil.

Lucina en Facebook

La frase del día: “Doble festejo, por el cumpleaños y porque nos avisaron desde Argentina que somos abuelos” (repetimos ante cualquiera una y otra vez los dos, o yo, o Claudia)

El personaje: Yo, claro, si es mi cumple… No, mentira, sigue siendo Lucina, por supuesto.

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