El noticiero dice que el frente frío 26 arruinó casi toda la cosecha de maíz del “granero de México”, Sinaloa, donde aparentemente no sólo se dedican a la comercialización de sustancias ilícitas. El problema no es menor: los mexicanos sólo comen maíz y derivados, es el noventa por ciento de su dieta. Las pérdidas son de unos 30 millones de pesos, va a haber 200 mil puestos de trabajos menos en esta temporada, ¡no van a tener con qué hacer tortillas! El presidente Calderón hace una conferencia de prensa, están todos preocupadísimos.

“Es el peor día para la excursión”, se queja Claudia en la previa del tour a Isla Mujeres, pero me toca defender a este pobre infeliz sábado al que se le ocurrió amanecer horrible. Confío en que mejore, o que al menos durante el trayecto el clima deje de ser tan desastroso. Al menos ahora no llueve.

Desayunamos. Ahora se largó. Es un diluvio, el fin del mundo. Mi cuotita de esperanza se desvanece en el lobby cuando el conserje pone caras, toma el teléfono y hace gestito de que no. La excursión se suspende para mañana, tal como quería Claudia. Es que ella había visto que Weather.com decía que el sábado iba a ser una porquería, así que tiene motivos para estar contenta, si pudiese estarlo. Es que en realidad hoy no está nada sonriente, tiene problemas, digamos que evitar la peor comida mexicana no le fue suficiente para mantener su bienestar estomacal. Para ser claros, no puede ir al baño y le viene muy bien el día aciago para “ponerse al día”.

Un clon de Gito (el amigo de Manuel) presenta hilarantes noticias en Notivisión.

Una hora más tarde está durmiendo. Afortunadamente el hotel es ameno y confortable, y tengo a Noralie y conexión inalámbrica en la habitación. Me pongo a actualizar mis cuestiones en internet, mis correos, mi Google Reader, Facebook, Twitter, el crédito de Skype, retomo este Diario de Viaje, después hago un cierto orden en el quilombo de mis valijas, fumo un par de Camel mentolados, encuentro unas botanas para entretenerme masticando y no fumar tanto, ataco la torta que me quedó en la heladera (el whiscola Jim Bean que el otro día compré en el súper no, ya sería demasiado), espío a cada rato para ver si ya salió el sol…

Llueve. Y ella lleva casi seis horas durmiendo. Yo no quiero acostarme, si los dos seguimos de largo vamos a pasar el día entero y su noche acá adentro. Después de las 15 se levanta, tomándose el estómago con ambas manos. La convenzo de que vayamos en busca de una solución a su problema (sin mayores detalles, por respeto, sepan comprender). Ahora no se siente tan mal (por lo menos en este ratito) y en vez de ir a la farmacia acá cerquita seguimos hasta la Quinta Avenida. Por lo menos para caminar un poquito.

Drugs & Deli, se llama la farmacia, como si fuese Medicamentos y Delicatessen, extraña combinación. Compramos la “solución”. Para conservar la buena educación: el producto actuó en no mucho más de cinco minutos, fue casi indoloro y resultó en una cantidad inusitada de desechos gastronómicos. Problema definitivamente resuelto, no se habla más.

Eligió un buen día para luchar contra su estómago, hoy no hubiésemos podido hacer absolutamente nada. Llovió casi sin parar, por momentos muchísimo. “Te arruiné el día”, se lamenta, pero yo lo aproveché muy bien: descansé las piernas (que tanto lo necesitaban), vi tele (esas novelas exageradísimas como no hay en el mundo y esas publicidades tan bizarras sobre la dolencia nacional, hemorroides), pulí bastante este Diario de Viaje y también hice cuentas. En estas vacaciones no nos privamos de nada (aunque hayamos desistido de gastar desmesuradamente en cosas que no lo valían) y nos costaron un poquitito más de seis mil dólares total-total, incluyendo vuelos, hospedaje para veinte días, comidas y absolutamente todos los gastos. Barato, realmente baratísimo para tremendo viaje. Sin dudas: tremendo viaje.

Recuperada a duras penas.

A cenar, claro, a la Quinta, a un bar bien mexicano. Me saco las ganas con el Alambre (“el famoso Alambre”, dice la carta), simplemente tres tortillas con todo lo que les entre. Y salsa picosa, claro. Claudia come con miedo, apenas una ensalada (“necesito fibra, mucha fibra”). A nuestro lado, colgando de las sillas-hamaca de la barra, yanquis de todas latitudes chupan con fruición y confraternizan. Hay unas minas que se divierten y ríen de tal manera que en cualquier momento terminan desparramadas en el suelo. De todas maneras, estoy seguro de que esta noche van a terminar acostadas en algún otro lado, a juzgar por las risotadas de los machos cortejantes.

La lluvia molesta pero apenas moja. Café para llevar en Ah Cacao y a la camita. Mañana nos toca finalmente Isla Mujeres. Uy, casi ni desenfundé la cámara hoy. Apenas un par de fotos.

Beodas yanquis

La frase del día: “Termina hoy mismo con esas llantitas” (una publicidad de la tele; hablaban de los rollitos)

El personaje: todos esos yanquis en el bar completamente borrachos. Que a esta hora deben estar haciendo chanchadas si es que todavía no cayeron desmayados.

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