Está fresquito pero hermoso, hay un sol pleno que acaricia tibiamente y si no levanta viento el día va a ser excelente para ir a Isla Mujeres. Desayunamos y esperamos con poca paciencia, pero rápidamente recibimos la mala noticia. Otra vez se suspendió la excursión. ¿Y ahora por qué? ¡¿Por mal clima?! Si va a ser un día alucinante… Nos dicen que el muelle de Cancún aún no está en funcionamiento después de la tormenta, porque el agua todavía está bastante revuelta. De ser cierto (sospecho que Easy Tours está dejando varados algunos pasajeros porque el día aciago de ayer los sobrecargó de trabajo), quizás en el transcurso de la mañana la cosa se normalice, por lo que podríamos ir por las nuestras a Cancún y empezar la excursión directamente desde allá. ¿Y si el puerto finalmente no abre? ¿Qué vamos a hacer, recorrer Cancún? No way (no güey), descartado de plano. Habrá que esperar hasta mañana, es nuestra última chance antes del regreso a Rosario, y ya empiezo a considerar seriamente la posibilidad de que no conozcamos finalmente Isla Mujeres. Sería una lástima, es lo único que nos falta para completar nuestra lista.
Caminamos rumbo a Mamita’s, donde ya nos tratan como viejos conocidos, que dejaremos de ser a lo sumo mañana, quizás hoy si se hace la luz y nuestra última jornada de descanso transcurre con un tour a Isla Mujeres.
El espigón donde arriban los ferrys de los cruceros queda tapado con cada ola, el mar está endiablado. Era cierto nomás.
No solamente enloqueció el mar, la gente también. En la playa hay un clon de la Negra Vilche y su pareja, un narigón muy parecido al Narigón Naymark y también al árbitro Baldassi (efectivamente, una mezcla adorable). Son argentinos y están parando en el mismo hotel que nosotros. Se maravillan con todo, cada detalle de lo que ocurre a su alrededor es un descubrimiento, parecen nenes de cinco años que por primera vez van a un pelotero. Una colorada vestida enteramente de negro (con ropa de calle) se mete al mar (sí, con ropa de calle) y se queda flotando entre las olas durante cincuenta minutos (calculados con el reloj de la cámara, no es una exageración). La música marchosa a todo volumen atrae pendejaje de todo tipo, incluyendo a un mexicano con playera de Barcelona/Messi. Pasan caminando dos viejitos tomados del bracete, típica vestimenta del noroeste mexicano (incluyendo sombreros de paja), a lo mejor sea su debut frente al mar.

Personajes de playa: el hombre de blanco, los del interior, el Messi, la beba deportista, el adiestrador de gaviotas, el de la mochila de tortuga y la loca del agua.
Una bebita completamente en bolas pasa trotando por la orilla junto a su atlética madre, un buen rato después regresan e increíblemente la nenita todavía aguanta el ritmo del ejercicio. Aparece un distinguido joven íntegramente de blanco, probablemente ropa muy cara, y va acomodando y doblando prolijamente sus prendas de a una sobre la reposera; los zapatos, el pantalón, la camisa, el sombrero… la malla también es blanca. Pasa una vendedora maya con su hija “atada” a la espalda y en sentido contrario pasa un muchacho moreno, pinta de descendiente de aborígenes, con un par de aros muy muy grandes (parecen casi colmillos de algún animal importante) y una mochila fabricada con un caparazón de tortuga. Hay chicas posando para las fotos mientras las olas les revientan en las colas, gaviotas posando para las fotos a cambio de comida, un “domador” de aves que les ofrece una papa frita que nunca les entrega y se las lleva de acá para allá en una nube como si fuesen un globo… toda una fauna babélica que parece reunida para despedirnos, como si fuese el funeral de Edward Bloom en “Big fish”.
Caminamos finalmente hasta el recodo de la playa, hacia el norte, donde se juntan todas esas lanchitas. Después de Palapas los hoteles son poco vistosos, realmente horribles, los turistas parecen peces en un acuario, algunos de cara al mar y otros chapoteando en un agua un tanto sucia. Todos parecen yanquis.
De regreso compramos en la tienda Oxxo -no se pronuncia “osho” ni “ojo” como sospechábamos a partir de palabritas como Tex(sh)coco, Méx(j)ico, X(s)ochimilco, Oax(j)aca, ax(j)olote… no, Oxxo se pronuncia “okso”- y pago con dólares. Sorpresa: Oxxo tiene el mejor cambio en todo México. Ahora empiezo a fijarme por la calle (hay un Oxxo cada 150 metros) y hasta alguno ofrece cambiar un dólar por 11,25 pesos locales. Está claro cuáles son los lugares más desfavorables: el cartelito “exchange” en plena 5ª Avenida se puede traducir como “peor precio”. Algunos ofrecen 1USD=11,00MXN, ¡ladrones!
Las novelas de Televisa merecen al menos un párrafo. Son mortales. Exageradas, exageradísimas, sobreactuadas a más no poder. “Mañana va a casarse”, dice él en tono sombrío y con mirada entrecerrada; ella abre la boca y se queda tiesa, la cámara hace zoom a primerísimo primer plano, la banda sonora mete un golpe de orquesta que hace vibrar los parlantes. Todos los actores son malísimos, incluidos varios argentinos (segundísimos en nuestra tierra natal) que parecen haberse ganado un lugar simplemente por no ser tan feos como la media de los mexicanos. Y los guiones, ¡los guiones! Inverosímiles es un adjetivo pobre incluso para un diálogo de novela mexicana. Lo bueno es que en el cable de Argentina tenemos este canal.
Nos bañamos y estamos listos para ir a cenar. Es verdad que ya queremos volver, pero seguimos ilusionados con conocer Isla Mujeres. En recepción nos confirman que mañana se hace el tour, pero con otra empresa.
Comemos una vez más en El Diez, donde nos reciben como de la familia pero nos cobran como turistas (es un chiste, no es tan caro). Ya todos saben acá que somos abuelos. Claudia se despide como si fuese la tía de todos los mozos.
Descubrí que los mexicanos pronuncian Sprite en perfecto inglés, y pido una gaseosa à la mexicana, es decir, como lo haría un oriundo de Manhattan. Las burlas de Claudia quizás duren hasta que su nieta sea capaz de entender la anécdota.
La frase del día: “Sí, claro que me las voy a llevar, son piedras de Cozumel. Las llevo en mi bolso de mano… o en el tuyo” (Claudia, que se niega a alivianar su sobrecargado equipaje… o el mío)
El personaje: El Lirio de Plata, un bizarro justiciero de “Mi gorda bella”, realmente sorprendente incluso en una novela repleta de personajes bizarros.






